Jurisprudencia sobre la fuerza probatoria de las capturas de pantalla o “pantallazos”, en los que se refleja el contenido de mensajes transmitidos en las redes sociales

La Sala de lo penal del Tribunal Supremo ha dictado la sentencia número 300/2015 de fecha 19 de mayo ponente Don Manuel Marchena Gómez, por la que fija los criterios para aceptar la fuerza probatoria de las capturas de pantalla o “pantallazos“, en los que se refleja el contenido de mensajes transmitidos en las redes sociales.

La sentencia establece que la prueba de una comunicación bidireccional mediante sistemas de mensajería instantánea debe ser abordada con “todas las cautelas“, debido a que “la posibilidad de una manipulación forma parte de la realidad de las cosas“. En este sentido, el alto tribunal afirma que “el anonimato que autorizan tales sistemas y la libre creación de cuentas con una identidad fingida, hacen posible aparentar una comunicación en la que un único usuario se relaciona consigo mismo“. Por tanto, se hace indispensable realizar una prueba pericial sobre los documentos que se aporten  para identificar el verdadero origen de esa comunicación, la identidad de sus interlocutores y la integridad de sus contenidos.

La resolución afirma que si las conversaciones se ponen en duda cuando se aportan a la causa archivos impresos, la carga de la prueba se desplaza hacia quien pretende aprovechar su idoneidad probatoria.

Así pues, la citada sentencia del Tribunal Supremo menciona expresamente: la Sala quiere puntualizar una idea básica. Y es que la prueba de una comunicación bidireccional mediante cualquiera de los múltiples sistemas de mensajería instantánea debe ser abordada con todas las cautelas. La posibilidad de una manipulación de los archivos digitales mediante los que se materializa ese intercambio de ideas, forma parte de la realidad de las cosas. El anonimato que autorizan tales sistemas y la libre creación de cuentas con una identidad fingida, hacen perfectamente posible aparentar una comunicación en la que un único usuario se relaciona consigo mismo. De ahí que la impugnación de la autenticidad de cualquiera de esas conversaciones, cuando son aportadas a la causa mediante archivos de impresión, desplaza la carga de la prueba hacia quien pretende aprovechar su idoneidad probatoria.

Será indispensable en tal caso la práctica de una prueba pericial que identifique el verdadero origen de esa comunicación, la identidad de los interlocutores y, en fin, la integridad de su contenido.

En este mismo, en relación a la PERICIAL INFORMÁTICA DE LOS MENSAJES WHATSAPP tenemos la Sentencia de la Audiencia Provincial de Madrid (Sección 27) nº: 51/2013, de 23 de septiembre: Con las limitaciones anteriormente apuntadas, del visionado y audición de la grabación, se observa que el acusado Luis Manuel , si bien reconoció haber mandado a la denunciante varios “WhatsApp”, negó haberla insultado …….

y si bien es cierto que al acusado se le reconoce “el derecho a no decir verdad o mentir” tanto en la jurisprudencia ( SSTC 290/1993, de 4 de octubre ; 129/1996, de 9 de junio , y 153/1997, de 29 de septiembre ) como en la doctrina procesal mayoritaria (GOMEZ DEL CASTILLO, ASENCIO MELLADO y VAZQUEZ SOTELO), no lo es menos que la declaración de la testigo/víctima Dª. Florinda , adolece de los elementos anteriormente expresados…

no existiendo ningún otro medio de prueba que avale su declaración, pues no colma el mismo la prueba documental consistente en las copias de mensajes, conteniendo fotografías, cuyos contenidos no han sido reconocidos por el acusado, ni se ha practicado sobre los mismos prueba pericial informática que acredite su autenticidad y su envío por aquél.

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